Septiembre trae consigo la paradoja de los comienzos: nadie necesita un periodo de adaptación para iniciar las vacaciones, pero casi todos lo necesitamos para regresar. La vuelta al cole constituye, sobre todo, un proceso emocional, un cambio de ritmo y rutinas que afecta a niños, familias y docentes.
Por ello, en el Colegio Balder, de Las Rozas de Madrid, este inicio se considera un periodo clave “entendemos que todo inicio de curso necesita de un proceso de adaptación que se planifique de manera integral y que ponga en el centro de nuestra atención el bienestar de los alumnos, la preparación del equipo docente y la implicación de las familias”, explica Carmen Serrano, directora pedagógica y técnica del centro. Para ella, la clave está en que “se busca crear un ambiente de seguridad y confianza para que los alumnos puedan expresar sus emociones, sentirse escuchados y comprendidos”. Y resume el objetivo final con una idea clara: “Que los alumnos vengan con ilusión a su colegio, sintiendo que es como su segunda casa, un lugar seguro donde se les quiere, se les escucha, se les valora y se les acompaña”.

Una llamada tranquilizadora a las familias
Desde el Departamento de Orientación del colegio, dirigido por Raquel Márquez, todas estas propuestas se concretan de forma práctica. “Antes de que empiece el curso, nos reunimos con las familias. Es un momento clave para explicarles cómo funcionará el día a día en la clase, qué vamos a aprender y resolver todas sus dudas”. También destaca la importancia de “un recibimiento especial para los nuevos” y de las “dinámicas de grupo” que refuerzan la cohesión desde los primeros días. Incluso en el patio se produce este acompañamiento, porque “el recreo es un momento crucial, e intentamos que se sientan seguros en el nuevo espacio. Después, les damos libertad para jugar y observamos cómo interactúan, ofreciendo apoyo si es necesario”. Y, al final del primer día, una acción sencilla que marca la diferencia: “La llamada tranquilizadora a las familias compartiendo un detalle positivo fortalece la relación de confianza desde el principio”.

Periodo de adaptación
De acuerdo con Reyes Menéndez, directora de la Etapa de Infantil del Colegio Balder, el regreso será mucho más llevadero si se ajusta de forma gradual desde casa: “Comienza el curso y como cada año llega el cambio de rutinas, mucho sueño, cambio de maleta por mochila, bañador por uniforme, los aviones y coches por la ruta… Sorprendentemente nadie necesitamos periodo de adaptación para iniciar las vacaciones, pero ¡cuánto nos cuesta volver en septiembre!”. Para ella, esa comparación muestra la magnitud del reto: lo que viene de manera natural al empezar el descanso necesita más cuidado cuando se trata de regresar al cole. Su mensaje es sencillo pero contundente: los cambios no deben hacerse de golpe, porque eso genera más tensión de la necesaria. “No hay necesidad de que nuestros pequeños sufran de manera repentina el cambio”, recuerda. Por eso apuesta por ajustar poco a poco las rutinas familiares y no forzar. Ese acompañamiento progresivo se traduce en menos rabietas, en mañanas menos caóticas y en un arranque de curso más amable para toda la familia.

Recordar ritmo y hábitos de forma natural
Por su parte, Arancha Deamorín, profesora en Primaria, señala sin rodeos: “En septiembre no todos los niños están en el mismo punto. Cada uno viene desde un lugar y con una experiencia, y creo que eso es muy enriquecedor para todo el grupo”. Para ella, lo esencial es que “los niños recuperen de forma gradual el ritmo y los hábitos. Hacemos actividades cortitas, dinámicas, motivadoras… empezamos muy poco a poco, pero de una manera muy lúdica y con mucha motivación hacia el alumnado. En un aula dinámica como la que tenemos es fácil que un niño sienta ganas de ir al cole, que se sienta motivado, sobre todo con las diferentes metodologías activas que implementamos para adquirir rutinas y hábitos poco a poco”. Además, en esta escuela, todo ello viene acompañado de “espacios y materiales que permiten que los niños puedan autorregularse y tener sus momentos de introspección”. En resumen: “Acoger, observar y acompañar con flexibilidad, con cercanía y con cariño, tanto al alumno como a la familia”.

La importancia de la organización y los objetivos asumibles
Si nos centramos ya en la Etapa de Secundaria, Emilio Patiño, profesor de matemáticas, insiste en la necesidad de organización: “Es fundamental sentarse y parar a pensar un poquito, reflexionar, marcar objetivos asumibles para este nuevo curso que comienza, que sean abarcables y medibles en el tiempo”. Del mismo modo, recomienda concretar y escribirlos en categorías, recordando la utilidad de su “regla de los diez minutos” para repasar lo aprendido: “Diez minutos es muy poco tiempo, los podemos sacar sin problema, y pueden ayudarnos a no perder el ritmo de lo trabajado en las aulas a través de breves ejercicios o tareas de repaso. Y lanza un mensaje de realismo: “Muchas veces es mejor hacerlo que hacerlo perfecto”.

El carácter artístico, seña de identidad
Finalmente, y dado que en el Colegio Balder otorga una gran importancia a las actividades de carácter artístico, Laura Herrero, profesora de arte y plástica, nos explica cómo la creatividad se convierte en una gran aliada. Según la docente “el arte funciona como un catalizador: permite expresar emociones que no siempre se dicen con palabras, ayuda a liberar tensiones y a reforzar vínculos entre compañeros. Para muchos alumnos, se convierte en un hilo conductor que suaviza la transición y les hace sentirse parte de algo”. También reflexiona sobre la importancia del acompañamiento: “Sobre todo el primer mes es un periodo en el que los alumnos tienen que ir adaptándose a una nueva manera de funcionar. Tratamos de guiarles y de hacerles entender que confiamos en ellos y en su capacidad para adaptarse a los cambios, apostando porque éstos les ayudarán a madurar y a ser personas más resolutivas e independientes”.

En definitiva, la vuelta al cole puede dejar de ser un trámite y transformarse en una oportunidad para construir vínculos y demostrar que adaptarse no es sólo encajar, también es crecer y evolucionar como persona. Y es que, en el Colegio Balder, el mes de septiembre es mucho más que el final de las vacaciones: es el comienzo de una emocionante aventura compartida.
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Fotografía de portada / Colegio Balder