Con 23 años se proclamó ganador en la Liga Española de Debate Universitario (LEDU 2025), celebrada en Vitoria, tras llegar a la final por equipos representando a la Universidad Carlos III. Su interés por el periodismo nació durante la crisis de la covid-19 y hoy mira a Bruselas, donde planea continuar su formación becado por la Agencia EFE. En la controvertida pregunta final que le dio la victoria, ofreció una reflexión magistral sobre cómo el sentimiento identitario, situado por encima de nuestra idea de verdad o justicia, nos hace vulnerables y abre la puerta a que un buen orador pueda convencernos.
Ignacio, cuentas que Jesús Montoro, tu profesor de Lengua y Literatura en el colegio GSD Las Rozas te lo dio todo. ¿Qué fue exactamente lo que te dijo sobre la comunicación o el poder de la palabra para que te dejara tanta huella?
Me convenció cómo utilizaba la palabra, especialmente para captar la atención. Él tenía una manera de romper barreras con los alumnos que muy pocos profesores tenían y se fijó en mí y en otros chicos para que nos apuntásemos a hacer un torneo de debate en representación del colegio.
Yo tenía solo 13 años cuando empecé en el mundo del debate. El miedo escénico estaba asegurado. Es una edad, además, donde somos más vulnerables, nos afectan las opiniones de los demás, las inseguridades. Él consiguió que yo encontrase en la comunicación una forma de confiar más en mí mismo y de tener la certeza de que con la palabra conseguíamos poner temas sobre la mesa. Estábamos diciendo cosas importantes con solo 13 años y eso también refuerza mucho la confianza.
Acabas de terminar el doble grado de Periodismo y Comunicación Audiovisual. Uno de tus trabajos de fin de grado fue un reportaje sobre la mutilación femenina en Toledo donde hay una tasa mayor de migrantes procedentes de Mali. Ahora estás estudiando en Bruselas con una beca de la agencia EFE. ¿Qué historias te gustaría contar como periodista?
Tanto la izquierda como la derecha se encaminan hacia la mediocridad política. Creo que tenemos que intentar que los medios de comunicación faciliten el entendimiento. La gente debe saber de qué manera la política les puede ayudar y de qué manera se podría llegar a cambiar la política. Debemos intentar no crear más ruido, sino acercar la política a la ciudadanía.
Por otro lado, a mí me gusta mucho hablar de temas sociales, de injusticias, y dar voz a colectivos vulnerables o que tengan algo de contar. Yo y muchos de mis compañeros de mi carrera tenemos la suerte de haber nacido en una familia en la que no hemos tenido problemas económicos, pero también hay que entender que en España y el mundo hay personas que sufren dificultades. Hay que contar, por ejemplo, que las personas que cruzan la ruta canaria en una patera tiene unas razones para hacerlo y explicar a la gente por qué eso ocurre para dejar de verlos como meros números.

¿Qué opinas de figuras polarizantes como Charlie Kirk, asesinado el pasado septiembre durante un evento en la Universidad de Utah, que utilizan la provocación como instrumento de debate en redes?
Les ampara la libertad de expresión y tienen derecho a estar ahí. Sin embargo, el debate, no solo de activistas como Charlie Kirk, sino también por parte de políticos, ha pasado a ser una exposición para lucirse en redes sociales.
Hoy no se escucha el debate en su conjunto, se escuchan discursos de una sola parte y eso es bastante preocupante. En lo que respecta a las intenciones, aunque activistas como Charlie Kirk o como Vito Quiles, en el caso de España, consiguen, en ocasiones, apretar al poder o generar un debate interesante para la juventud, lo que generalmente ocurre con ellos es que jamás ceden. Nunca dan la razón, nunca asumen que existen puntos comunes entre ellos y sus oponentes y, por tanto, generan un uno contra uno rígido donde solo existe el blanco y el negro. Solo les interesa quedar por encima y demostrar que solo ellos tienen razón. Es lo contrario a la democracia.
La LEDU: la oportunidad de los grandes talentos del debate universitario
Te enfrentas a la Liga Española del Debate Universitario en grupo, el jurado evalúa también las dotes individuales, y en cierto momento, te quedas tú solo ¿Hasta qué punto influye el trabajo en equipo en esa parte final? ¿Están en tu pensamiento de alguna manera? ¿Te pesa la responsabilidad?
Yo no habría llegado a esa nominación si no hubiese sido por mis compañeros. El debate grupal fue sobre la inmigración. Había que debatir si genera más beneficios o perjuicios. La final termina con un cara a cara individual y me enfrenté a Alberto García Chaparro, el campeón del mundo de oratoria. Ambos preparamos la pregunta final con unas pocas horas de antelación, el día anterior.
Durante el debate, las rondas en las que los jueces me puntuaron muy alto, todo, absolutamente todo lo que yo estaba pronunciando era gracias a todo el equipo. Además, yo era el último en hablar en todas las rondas en el turno de conclusiones. En el debate académico, no existe un buen orador sin un buen equipo y todos sentimos la presión. Cuando al final me quedé solo, ellos fueron mi punto de apoyo. Sin embargo, en la final individual yo ya no sentía esa responsabilidad porque se trata de un reto muy personal.

«El debate, no solo de activistas como Charlie Kirk o Vito Quiles, sino por parte de políticos, ha pasado a ser una exposición para lucirse en redes sociales»
Te has preparado durante 10 años en debate. Os dan el tema del debate con un mes de antelación. Por un lado, dices que es importante automatizar la técnica. Sin embargo, también le das mucha importancia a la espontaneidad, lo cual parece una contradicción. A mí el debate siempre me ha recordado al ajedrez. Los grandes ajedrecistas estudian jugadas durante años, pero lo que los hace únicos es su instinto a la hora de leer la jugada y adelantarse al otro. ¿Cómo se consigue esa mezcla de técnica y espontaneidad en el debate?
Cuanto mayor base de técnica construyas, cuanto mejor ordenadas tengas las ideas, cuanto más claro tengas las evidencias que traes y quién dice cada cosa, en resumen, cuanto más estudiado tengas el debate, mayor será el margen para ser espontáneo y lucirte. Lucirte es esa espontaneidad.
Ahí es donde se marca la diferencia. Si un ajedrecista fluye, su juego será más singular y distinto de los demás. Quizá no gane la partida de ajedrez, pero va a realizar una serie de cosas que le van a distinguir mucho de los demás porque no está siendo técnico, está siendo instintivo. Sin embargo, en el debate ganas cuando consigues ser muy distinto a los demás.
Ganas cuando el juez te escucha hablar después de haber escuchado a siete personas y encuentra unos puntos en tu discurso y en tu oratoria que claramente distan del resto de oradores. Debemos interiorizar la técnica para luego poder centrarnos en cómo contarlo mejor.
La pregunta final del certamen fue: «¿Puede un orador defender cualquier causa con éxito independientemente de la verdad o la justicia?» Fue una pregunta controvertida con la que ganaste. Dices que un orador debe preparar tanto las respuestas a favor como en contra, pero ¿Cómo puede un orador convencer con un argumento contrario a sus creencias?
Cuando el argumento es contrario a las creencias, un orador puede seguir convenciendo de igual forma porque el debate te enseña a que en la mayoría de ocasiones hay razones para entender por qué se defienden cosas desde puntos de vista tan distintos. Yo puedo estar completamente a favor de una cuestión, pero el debate me va a enseñar que existen razones legítimas y respetables para defender la postura en contra.
Y eso es lo importante para poder convencer, aunque tú no estés alineado con esa idea. Porque tienes razones para defenderla, porque la entiendes. Simplemente no la compartes, pero la entiendes, sabes que esas opiniones existen y que son probablemente igual de válidas.

«Cuanto más estudiado tengas el debate, mayor será el margen para ser espontáneo y lucirte. Lucirte es esa espontaneidad»
Sostienes que en el debate se aprende la escucha activa y la empatía. ¿Podría ser la pasión por el debate una solución contra la epidemia de soledad que tanto está afectando a los más jóvenes? ¿Una forma de poder comunicarse mejor más allá de una pantalla del ordenador?
Totalmente. Yo creo que el debate potencia mucho el contacto cercano entre la gente. Tiene que ver con la manera en que la gente se siente escuchada y comprendida. Muchos amigos me han dicho que desde que me inicié en el debate, casi toda mi vida, en realidad, sienten que los escucho con especial atención y que sus opiniones son tomadas en cuenta en una conversación. Imagínate, como sería si le pasara a mucha gente.
En un buen debate escuchamos, empatizamos y probamos el punto de vista contrario. Cuando nos toca responder tenemos muy en cuenta lo que ya se ha dicho. Yo mismo selecciono cosas que otras personas han dicho para añadirlas a mi opinión.
El debate es, sin duda, un antídoto contra la soledad no deseada, igual que también lo es para la salvaguarda de la democracia, el análisis crítico y la defensa de la libertad de expresión.