Los alumnos del Colegio Europeo de Madrid, en la localidad de Las Rozas, se encontraron a un exótico compañero tras la vuelta al cole. El nuevo de clase se llama Sanbot, aunque dice que no le gusta su nombre y ha propuesto a sus compañeros que le pongan otro. Viene de lejos, desde China, aunque ya chapurrea algunas cosas en español. Y es un robot, el primero que entra en las aulas del colegio, y lo hace con el propósito de quedarse.

La idea del equipo docente es que el robot sea un recurso más del colegio y que sirva para ayudar a mejorar las asignaturas, como puede ayudar un iPad o una pizarra digital, como han explicado. El robot Sanbot fue fabricado en China diseñado para ayudar a los clientes de tiendas respondiendo a preguntas y ofreciendo información en la pantalla que lleva incrustada.

La empresa Landatel, que comercializa al robot y también tiene sede en la localidad madrileña de Las Rozas, se puso en contacto con el colegio para explorar las posibilidades de Sanbot dentro del aula. El robot lleva apenas unas semanas en el centro y todavía está en fase de programación, de forma que se busca que sea lo más útil posible para el desarrollo de las clases. 

UN ROBOT QUE TE AYUDA EN “MATES”

El robot Sanbot tiene metro y medio de altura, y recuerda lejanamente a R2-D2, aunque tiene un diseño más estilizado, y habla mejor que el androide de ‘La guerra de las galaxias’.

Los alumnos de primero y segundo de Primaria han sido los primeros compañeros del robot, que de momento mantiene conversaciones básicas, y responde cuando se le pregunta por su nombre y procedencia. El objetivo es que, después de estar con los pequeños del cole, pase por el aula de los mayores de Bachillerato, y sean ellos quienes programen al robot para sacar provecho de sus habilidades.

En el Colegio Europeo de Madrid, la tecnología es transversal a todas las asignaturas. Por eso piensan que el robot podrá ser útil tanto en matemáticas, ayudando a los alumnos a resolver problemas, como en historia, ya que podrá relatar acontecimientos o biografías.

La idea es que el robot, que ya está programado para no chocarse, pasee por los pasillos y esté en la entrada para recibir a los visitantes, ya que también tiene un programa de reconocimiento facial.