Dehesa de Navalcarbón
Dehesa de Navalcarbón

La Dehesa de Navalcarbón es un enclave natural bien conocido por todos los roceños. Un refugio en cuyo entorno se mezcla una frondosa vegetación compuesta principalmente por pinos y matorrales, con multitud de senderos, un atractivo río y zonas recreativas perfectas para hacer un picnic. Es un lugar magnífico para relajarse, pasear, correr o montar en bici. Un remanso a 20 kilómetros de Madrid en el que pasar un día imborrable.

Está situada a 2 kilómetros al noroeste de Las Rozas y probablemente sea un lugar aún por descubrir para muchos madrileños. Además de naturaleza, podemos contemplar restos de la Guerra Civil y algo muy peculiar, el paso del Canal del Guadarrama que estuvo proyectado aquí, diseñado con el malogrado objetivo de dar al centro de España una salida al mar en el siglo XVIII.

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Los orígenes de Navalcarbón

Algunas fuentes señalan que esta Dehesa, conocida como Dehesa Vieja ya en el siglo XVIII, tomó su nombre de Navalcarbón, en referencia a la existencia de carboneras para la producción de carbón vegetal. La abundancia de encinas en la zona fueron indudablemente la materia prima requerida para esta actividad. Las constantes repoblaciones realizadas a lo largo del tiempo hicieron que se implantara el pino piñonero, convirtiéndolo en la actualidad en la especie arbórea predominante.

El Canal de Piragüismo

Este canal, situado en el entorno de la Dehesa de Navalcarbón, forma parte del antiguo Canal del Guadarrama, que se proyectó a finales del siglo XVIII. En los últimos años se ha venido utilizando para la práctica del piragüismo. En su momento, se construyó la presa del Gasco, entre Galapagar, Torrelodones y Las Rozas. Se excavó el terreno en algunos kilómetros y aún puede verse accediendo desde la urbanización Molino de la Hoz o desde Torrelodones. Sin embargo, en la actualidad se encuentra en mal estado y ha quedado olvidado.

Canal en la Dehesa de Navalcarbón

El Canal del Guadarrama, un proyecto del siglo XVIII

Otro aspecto interesante de la dehesa de Navalcarbón es su relación con el proyecto del Canal del Guadarrama, realizado en el siglo XVIII. Fue ideado por el ingeniero D. Carlos Lemaur en 1781 y pretendía dar a Madrid, sede de la corte, una salida fluvial al mar. Propuso la interconexión navegable en diversos ríos, desde el Guadarrama hasta el Guadalquivir. Se trató de un proyecto faraónico, que exigía la construcción de canales de interconexión entre ríos y el uso de presas y esclusas que salvaran limitaciones de caudal y desniveles del terreno.

Hoy queda constancia de algunas obras que comenzaron a acometerse en lugares como el Gasco, el Parque Lineal del Manzanares y en la propia Dehesa. Finalmente, el proyecto se abandonó por ser excesivamente problemático y costoso, a lo que contribuyó en marzo de 1799 una fuerte tormenta que produjo un deslizamiento del terreno que arruinó la avanzada presa del Gasco. Ésta era la que se preveía que garantizase el caudal necesario al río Guadarrama para su navegabilidad. Los restos existentes en la dehesa de Navalcarbón son, a día de hoy, más testimoniales que arqueológicamente contrastables, dado que sobre el foso inicial se ha construido el canal artificial que alude como un símbolo a aquel proyecto.

Crómlech con Campanas de Jesús Gironella

El Crómlech con campanas

También cuenta con una escultura musical realizada por Jesús Gironella titulada “Crómlech con campanas”. Consiste en cinco grandes piedras de granito, cuatro de ellas coronadas por cuencos de hierro, que recogen el agua de la lluvia. El caminante sólo tiene que golpear los casos “con las manos, con un palo, con lo que quieran”, explica el autor, para obtener diferentes tonalidades que se difunden por el entorno durante un breve periodo de tiempo.

Sus piedras están talladas a máquina con motivos geométricos y con incisiones simples que se adentran en el granito, mientras que los cuencos incrustados en los bloque de granito representan los cuatro elementos: aire, fuego, agua y tierra.

Estos recipientes tienen diferentes tamaños y contienen una cantidad distinta de agua de lluvia. De esta forma, Gironella ha creado un instrumento tetrafónico de afinación variable, cuyo sonido depende del líquido almacenado, sin que sea posible ninguna manipulación de cualquier persona.

El autor realizó esta obra como “una ofrenda al dios de la lluvia. El hombre ha perdido el contacto con sus raíces y ésta es una forma de volver a ellas” , dice. ” Cuando se golpean los cuencos” , continúa el autor, la superficie del agua vibra e, incluso, si se pone la mano en la roca se nota cómo la vibración se transmite. De esta forma se despierta su espíritu para invocar la lluvia” .

Testimonio histórico de la Guerra Civil

La dehesa de Navalcarbón es al mismo tiempo un testimonio histórico. Entre sus senderos y bosques aún se conservan numerosos vestigios de la Guerra Civil: búnkeres, trazados de atrincheramiento y restos de otras edificaciones militares. Todas ellas se construyeron en 1938 como parte de la denominada “Línea de Detención”, del Ejército del Bando Republicano y cuya defensa correspondió en este subsector a la 111ª Brigada Mixta, adscrita a la 8ª División. La misión que tuvo esta línea, situada en la retaguardia del frente de batalla, fue la contención del enemigo en caso de que pudiese traspasar la primera línea.

Restos de la Guerra Civil

Accesos

Para acceder a la dehesa en coche debemos hacerlo desde la M-50, dirección Ctra. De la Coruña, tomar la salida hacia la Zona Comercial de Las Rozas, y, en la primera rotonda, girar para coger la Travesía de Navalcarbón. Poco después, a la derecha, veremos un amplio parking de acceso libre donde dejar el coche. Al otro lado de la calle, encontraremos la dehesa.